Dicen por ahí que hay que tocar fondo para salir a flote. 

Yo no estoy de acuerdo. 

He tocado fondo muchísimas veces a lo largo de mi vida y nunca he salido a flote del todo. 

Es decir, llegas al fondo, aguantas unos días hundida en la porquería y cuando ves que te va a explotar el pecho, te impulsas con los pies a la superficie y… respiras. 

Respiras un tiempo hasta que te cansas de no ver la orilla. 

De no ver tierra. 

De no ver el descanso llegar.

De no ver el fin de tu sufrimiento.  

Así que te vuelves a hundir. 

Y te dejas arrastrar por la corriente hasta las profundidades oscuras del mar. 

Y así, una vez, tras otra y tras otra y tras otra….

Hasta que llega un día en el que te das cuenta de que para llegar a la orilla hay que aprender a nadar. 

A nadar se aprende tirándose a la piscina. 

Tengo una newsletter en la que te enseño a nadar o, más bien, a bucear en tu interior para que encuentres por fin el camino hacia la ansiada felicidad. 

O por lo menos para que sonrías un poco. 

Sin inciensos, ni yerbas, ni velas aromáticas. 

Y con mucho humor.

Lo que hago es contarte todo lo que estoy aprendiendo para superar mis ansiedades, depresiones y mi sentimiento constante de impostora fracasada. 

Muchos de los que leen mis emails dicen que les he ayudado a conocerse mejor a sí mismos y a enfrentar las situaciones desde otro punto de vista. 

Otros me han dicho que han conseguido aclarar sus ideas y conseguir sus objetivos. 

Otros, que soy una ordinaria. 

Y ya, los más fumados, me han dicho que les he cambiado la vida. 

Mmmmm. 

No sé. 

Yo soy de las que piensan que la vida no te la cambia nadie a excepción de tú mismo, pero que a veces tiene que decirte las cosas un desconocido para que te calen hondo y aprietes el culo. 

Así que si quieres comprobar la eficacia de estos emails tienes que apuntarte aquí abajo.

De momento, es gratis. 

Dicen que hay que tocar fondo para salir a flote
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